jueves, 16 de febrero de 2017

Día 1: Cambios

DIA 1:

Hoy he tenido la necesidad de sentarme a escribir… Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lancé el contenido de mi interior a la pantalla de un ordenador. El sonido del teclado cuando me encuentro en este estado, me parece balsámico. Parece que con cada ligera pulsación que mis dedos realizan contra las teclas al escribir, fuera canalizando poco a poco la presión que ahoga mi pecho hacia el interior del ordenador… Como si la maquina absorbiera mi ansiedad con cada palabra que escribo.

Ha pasado mucho tiempo…

Tras escribir estas palabras me he quedado un rato reflexionando…

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que tuve la necesidad de hacer esto.

No sé si escribo esto con la finalidad de que lo leas; no sé si el destinatario de estas palabras eres tú, soy yo… o simplemente quiero sentirme mejor al sacar fuera mis pensamientos... mis sentimientos… y tras escribirlo nunca nadie más vuelva a leer esto…

Hoy es domingo, y te fuiste el lunes. Todavía no ha pasado una semana y siento que mil vidas han transcurrido, me siento más viejo. Estoy cansado, apático… El mundo me parece más viejo, decrepito, vasto y previsible… Todo es previsible en él… aburrido. Dentro de esa vastedad, estás en la otra punta del planeta (o a mí me lo parece), y la distancia es abrumadora. Cada día que pasa, noto que te siento más lejos, es como si el tiempo consiguiera alejarnos también en el espacio y en la memoria.

Ya no te recuerdo… No recuerdo tu piel al contacto con mis manos… no recuerdo tu cuerpo al contacto de mis abrazos… No me acuerdo de tu eterna sonrisa, ni de lo bien que me sentía cuando estaba a tu lado. Pienso en nuestra "trampa", y como el tiempo no tenía ningún poder sobre nosotros. No podía entrar en nuestro mundo ni transformarlo.

 Pero ahora todo eso… me parece tan lejano… tan… tan… lejano… Es como si el tiempo recuperara su poder ahora que estamos separados… Como si rencoroso y virulento pretendiera enterrar que algún día nos conocimos. Como si quisiera separarnos para no volver a perder su poder. Concentrar milenios y milenios en solo 18 días. El tiempo… que cosa tan subjetiva… tan mutable como tu espíritu.

Te lo dije… te dije que me desconectaría… no supe explicarte nunca que significaba realmente eso. Tú decías que sólo eran 16 días… que no podía pasar eso entre dos personas que se quieren realmente… 

Pero está pasando… Nos está pasando… Porque ayer cuando hablé contigo también me di cuenta de que sentías lo mismo…

Eres una inconsciente, reflejas el futuro como lo es en tus fantasías. Eres incapaz de proyectar tu verdadero interior en el mañana, no eres sincera contigo misma. Sé que me desconectaría porque me conozco a mí mismo, no es una elección, sé cómo me he sentido en el pasado, y lo recuerdo. Sólo soy coherente, reflejo esos sentimientos pasados en un futuro que se repite. No me engaño, me gustaría que fuera diferente, pero no me engaño… Sé que 18 días no son nada.
Si estamos juntos solo es un suspiro, la exhalación de una bocanada de aire. Que son 18 días… dos semanas y media en la vida de una persona. Mi vida han sido periodos y periodos totalmente rutinarios de 18 días más 18 días… sin sentir nada, sin percibir si eran 18 o 1000…

Hoy es el sexto día que no te veo, y cada segundo me ha parecido más atroz y lacerante que el anterior… Cuando pienso que aún queda más del doble por verte, todo se desmorona… No es la angustia de sentir la tortura que está por venir, ni por tener que extrañarte y echarte de menos… Es por el temor a los estragos del tiempo… Ese tiempo vengativo que nos quiere separar… 

Sólo han pasado 6 días y no recuerdo el olor de tu pelo… de tu piel.

El motivo porque escribo, es porque me siento mal. Es una sensación continua y permanente… Me siento inseguro, débil, feo, dependiente…

Antes de conocerte, me sentía absolutamente de forma opuesta. Nada me hacía vibrar, pero sentía una seguridad absoluta al pisar el mundo, sentía aplomo, tranquilidad… me quería y sobre todo estaba en una paz absoluta conmigo mismo.

No quiero perderte… No le veo sentido a nada sin ti… Trabajo, familia, hogar, dinero, viajes… ¿Qué importa?... Soy consciente de que es horrible… pero solo es una manera de sentir. Mi razón dice que no está bien, pero simplemente me siento así. La puta razón no sirve para nada… da igual la inteligencia que poseas o de la capacidad analítica de la que seas dueño… los sentimientos no vienen de ahí.

Un amigo me dijo el otro día… de eso se trata Arath… de sentir… para eso estamos aquí… sólo estamos aquí dos días… luego nos vamos al patatal. Jejeje… En realidad, no es amigo mío, pero siempre me han hecho gracia sus expresiones.

Su teoría está muy bien, pero supongo que se trata de sentirse bien… ¿no? El problema es que para sentirse tan bien, hay que poner mucho en juego. Hay que darlo todo… demasiado. No merece la pena…

Recuerdo, cuando estaba de viaje, y a mi alrededor veía a amigos discutir apasionadamente con sus parejas por teléfono… recuerdo su angustia, recuerdo sentir su ansiedad… lo mal que lo estaban pasando. Recuerdo que cada día para ellos cuando estábamos fuera, era un infierno. Y yo me sentía bien, sabía que en mi vida no había pasión, pero me sentía tan… tan… bien. Tan en paz conmigo mismo, tan tranquilo. Recuerdo que pensaba que no merecía la pena, que me alegraba mucho de estar como estaba.

Recuerdo pensar que nunca volvería a estar así. Lo estuve en su día. Pero había aprendido. Había pagado un alto precio, es verdad, pero había aprendido. Ahora era más viejo, más sabio. JA… Nada como la arrogancia de la falsa seguridad en uno mismo.

Pero apareciste tú. Y me enamoré de ti. Me enamoré de todo aquello de lo que me quería mantener alejado.

Hoy me has enviado un mensaje de la noticia de un periódico en el que comparas el amor con una droga. Y así es como te veo… como veo a nuestra relación. Algo que te hace sentir muy bien cuando lo estás disfrutando, pero que en tu interior sabes que no te está haciendo bien. Que te destruirá… Algo de lo que te tienes que alejar…

El viernes, me enviaste un mensaje. Me dijiste que te estabas replanteando lo de ir a la granja… Que había demasiadas cosas que hacer por allí. No te imaginas, lo desolado que me hizo sentir ese mensaje… el gran malestar que me causó. Yo mismo no entendía porque de una forma tan inmediata, algo tan aparentemente trivial, me hizo sentir tan mal. A mí, en realidad no debería de afectarme ¿no?

Hagas lo que hagas, no cambiará que vas a estar lejos de mí ni el tiempo que vas a estar fuera. ¿Por qué me hizo sentir tan mal?

He estado pensando sobre ello… Y mi subconsciente… o el lugar que sea de donde fluyen los sentimientos, parece que razona esas cosas instantáneamente, aunque nosotros no lo sabemos. Sigue su razonamiento ajeno a nosotros y emite un sentimiento, un sentimiento de mierda en este caso, pero un sentimiento.

Lo que mi hizo sentir tan mal una vez más, fue constatar otra vez tu volatilidad, tu mutabilidad… ante lo que te hace sentir bien de forma inmediata, tu hedonismo más recalcitrante. No dejo de proyectar todo eso en nuestra relación y sobre todo en nuestro futuro.

Me dijiste desde hace meses, que ese viaje era muy importante para ti. Yo te dije, que no veía bien que te fueras tanto tiempo cuando nos estábamos empezando a conocer. Me dijiste que no era un viaje de turismo, que era un viaje introspectivo, para irte al desierto a estar apartada de todos y de todo. Que era importante para ti y necesario. Me insististe una y otra vez… Te dije que se me haría eterno, que lo pasaría mal… intenté acompañarte, pero desde el principio nunca me sentí incluido, ni incluso después. 

Sé que disfrutas más conociendo a gente nueva y desconocida, y compartir tu viaje con ellos. Ellos no exigen compromiso, puedes ir y venir libremente y así es como tu disfrutas. Yo soy lo opuesto, nada tiene sentido sin compartir, no me gusta viajar solo. El mundo ya no me sorprende… no lo suficiente como para compensarme todo lo demás.

Sólo llevas cuatro días allí… y ¿todo eso ha cambiado?... ¿cuatro días? Un viaje pensado en media vida, programado hace meses con un solo fin… Y cuatro atracciones turísticas y un poco de cachondeo en un hostel y… ¿todo eso ha cambiado? En solo ¿cuatro días?

Mientras escribo esto, solo crece y crece la indignación… el odio… la rabia…

Ese viaje tenía sentido para mí, en esas condiciones… lo podía entender. Mi sufrimiento tendría una razón. Tu ausencia tendría un sentido… ¿Qué estás haciendo Hada?

No dejo de pensar, que quiero que la desconexión se acelere. Quiero dejar de echarte de menos. Quiero volver a pisar el mundo con aplomo y sentirme en paz conmigo mismo. Quiero que dejes de escribirme, quiero dejar de consultar el móvil… De sentirme desesperado por recibir un mensaje tuyo, un te quiero, un beso…

No puedo dejar de sentir inquietud… de sentirme como tu viaje en el desierto. De parecer algo trascendental en tu vida y que en solo cuatro días, deje de tener sentido para ti. De que sientas que no quieres renunciar a algo que te hace sentir bien, en un momento determinado, por un compromiso.

Quiero que puedas comprometerte con algo, que mantengas ese compromiso, aunque te duela, sufras, o te cueste esfuerzo y sacrificio.

Tengo miedo del futuro contigo, tengo miedo del futuro a tu lado… siento desasosiego contigo.
Ayer hablamos por teléfono. Me dijiste que era césped. Que era como el césped que pisabas.
Podías estar pasándotelo bien haciendo una barbacoa o jugando a la pelota sobre el césped… pero que yo para ti era como el césped. Que podías estar pasándotelo bien en un momento determinado con una cosa u otra, pero que yo siempre estaría ahí. Porque era césped…

No me estoy recreando en lo horrible que suenan estas palabras así escritas (conozco tu don para decirle cosas horribles a alguien sin querer) … Creo que entendí lo que querías decir. Supongo que quisiste decir que soy algo sólido, algo que te da estabilidad… algo que quieres que esté siempre ahí. 

- De la barbacoa te cansas, de la pelota también… quien no quiere sentir el suelo bajo sus pies… ¿verdad?

Césped… eres como el césped que piso…

Tú no eres césped para mi… Hadassa, eres lo contrario al suelo firme, tu eres aire… el aire que llena mis pulmones… el aire que me da vida. Eres apnea en tu ausencia… desasosiego en tu presencia… asfixia… cuando no estas. Eres como la brisa fresca y limpia de las montañas cuando apareces por la puerta con tu “Hello!” y tu sonrisa… eres Aire….

No quiero que seas mi aire… no quiero vivir aguantando la respiración… reteniendo lo poco que me das…sentir una y otra vez la angustia de no poder tomar aire cuando quiero. De no poder disfrutar de la brisa de la montaña, por sentir la certeza de que después siempre vuelve la apnea… de tener que volver aguantar la respiración… una y otra vez. De temer que el aire desaparezca.

¡NO!... No es el sentido de una relación. Sentirse mal no está bien. No tiene sentido. Son las acciones de alguien lo que te debe hacer sentir bien, no sus palabras… sus intenciones.


Quiero volver a sentirme bien… quiero ser mi propio aire, no quiero ser césped.

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