jueves, 16 de febrero de 2017

Llamando a La Puerta...

Antes de leer el contenido de este espacio, de leer la verdadera historia que aquí deposito, es necesario que leas esta breve introducción para entrar en contexto:

Aquí, querido desconocido o desconocida, que estás leyendo estas palabras en estos momentos, es donde he decidido mostrar de una forma obscena el contenido de mi alma. Aquí, en la plaza pública del mundo, en otro blog más de Internet, donde he encontrado el lugar donde dejar constancia de mi viaje.

En realidad las palabras que podrás leer a continuación no estaban destinadas a este espacio. Originalmente, estaban escritas en mi diario. Mi diario oculto y personal, escondido y protegido por mil y una contraseñas. Es por tanto un contenido íntimo que no fue escrito en su origen para ser publicado. Es mi diario personal, que ahora te permito leer. Los nombres están cambiados y no hallarás fechas o referencias personales. Pero todo es real: las imagenes, los hechos... los sentimientos.

Fue a través de ese diario donde encontré el consuelo que en aquellos momentos necesitaba. El lugar donde volcar toda mi angustia y ansiedad.

Esta es la historia de un viaje... de un viaje largo e intenso. Un viaje, cargado de emociones... profundo... reflexivo. El viaje del propio alma a través de si misma. Una historia donde de una forma u otra sólo habla el amor. A través de su lectura encontrarás el sentido que dio nombre a este blog.

En este diario recojo mis pensamientos, mis emociones... Mis reflexiones más intimas rodeadas de  dolor y anhelo. Mis sentimientos más oscuros y también los más bellos.

Es la historia donde mi amor, mi ser amado, mi otra parte se aleja de mi. Se aleja en un viaje personal, insondable e inevitable. Un viaje por un país que no conoce y con el que le une una profunda conexión. Es la historia de un viaje que haremos juntos en la distancia. Un viaje lleno de descubrimientos, de emociones a flor de piel y de dolor... de mucho dolor.

Es el viaje donde la echo de menos... la extraño, la odio y la quiero...

Tienes que saber que es un viaje a través del tiempo. Y por ello verás como mis emociones cambian con mis sentimientos... como lo hacen las reflexiones y mis deseos. Cada entrada de este blog es un día en este viaje.

Ella aquí será Hadassa, y mi nombre... mi nombre ...  será... Arath.

Esta es la historia de su viaje en la distancia a través de mis sentimientos... Esta es la historia de un viaje a Israel. La historia de un viaje a lo más profundo de mi alma...

Día 1: Cambios

DIA 1:

Hoy he tenido la necesidad de sentarme a escribir… Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lancé el contenido de mi interior a la pantalla de un ordenador. El sonido del teclado cuando me encuentro en este estado, me parece balsámico. Parece que con cada ligera pulsación que mis dedos realizan contra las teclas al escribir, fuera canalizando poco a poco la presión que ahoga mi pecho hacia el interior del ordenador… Como si la maquina absorbiera mi ansiedad con cada palabra que escribo.

Ha pasado mucho tiempo…

Tras escribir estas palabras me he quedado un rato reflexionando…

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que tuve la necesidad de hacer esto.

No sé si escribo esto con la finalidad de que lo leas; no sé si el destinatario de estas palabras eres tú, soy yo… o simplemente quiero sentirme mejor al sacar fuera mis pensamientos... mis sentimientos… y tras escribirlo nunca nadie más vuelva a leer esto…

Hoy es domingo, y te fuiste el lunes. Todavía no ha pasado una semana y siento que mil vidas han transcurrido, me siento más viejo. Estoy cansado, apático… El mundo me parece más viejo, decrepito, vasto y previsible… Todo es previsible en él… aburrido. Dentro de esa vastedad, estás en la otra punta del planeta (o a mí me lo parece), y la distancia es abrumadora. Cada día que pasa, noto que te siento más lejos, es como si el tiempo consiguiera alejarnos también en el espacio y en la memoria.

Ya no te recuerdo… No recuerdo tu piel al contacto con mis manos… no recuerdo tu cuerpo al contacto de mis abrazos… No me acuerdo de tu eterna sonrisa, ni de lo bien que me sentía cuando estaba a tu lado. Pienso en nuestra "trampa", y como el tiempo no tenía ningún poder sobre nosotros. No podía entrar en nuestro mundo ni transformarlo.

 Pero ahora todo eso… me parece tan lejano… tan… tan… lejano… Es como si el tiempo recuperara su poder ahora que estamos separados… Como si rencoroso y virulento pretendiera enterrar que algún día nos conocimos. Como si quisiera separarnos para no volver a perder su poder. Concentrar milenios y milenios en solo 18 días. El tiempo… que cosa tan subjetiva… tan mutable como tu espíritu.

Te lo dije… te dije que me desconectaría… no supe explicarte nunca que significaba realmente eso. Tú decías que sólo eran 16 días… que no podía pasar eso entre dos personas que se quieren realmente… 

Pero está pasando… Nos está pasando… Porque ayer cuando hablé contigo también me di cuenta de que sentías lo mismo…

Eres una inconsciente, reflejas el futuro como lo es en tus fantasías. Eres incapaz de proyectar tu verdadero interior en el mañana, no eres sincera contigo misma. Sé que me desconectaría porque me conozco a mí mismo, no es una elección, sé cómo me he sentido en el pasado, y lo recuerdo. Sólo soy coherente, reflejo esos sentimientos pasados en un futuro que se repite. No me engaño, me gustaría que fuera diferente, pero no me engaño… Sé que 18 días no son nada.
Si estamos juntos solo es un suspiro, la exhalación de una bocanada de aire. Que son 18 días… dos semanas y media en la vida de una persona. Mi vida han sido periodos y periodos totalmente rutinarios de 18 días más 18 días… sin sentir nada, sin percibir si eran 18 o 1000…

Hoy es el sexto día que no te veo, y cada segundo me ha parecido más atroz y lacerante que el anterior… Cuando pienso que aún queda más del doble por verte, todo se desmorona… No es la angustia de sentir la tortura que está por venir, ni por tener que extrañarte y echarte de menos… Es por el temor a los estragos del tiempo… Ese tiempo vengativo que nos quiere separar… 

Sólo han pasado 6 días y no recuerdo el olor de tu pelo… de tu piel.

El motivo porque escribo, es porque me siento mal. Es una sensación continua y permanente… Me siento inseguro, débil, feo, dependiente…

Antes de conocerte, me sentía absolutamente de forma opuesta. Nada me hacía vibrar, pero sentía una seguridad absoluta al pisar el mundo, sentía aplomo, tranquilidad… me quería y sobre todo estaba en una paz absoluta conmigo mismo.

No quiero perderte… No le veo sentido a nada sin ti… Trabajo, familia, hogar, dinero, viajes… ¿Qué importa?... Soy consciente de que es horrible… pero solo es una manera de sentir. Mi razón dice que no está bien, pero simplemente me siento así. La puta razón no sirve para nada… da igual la inteligencia que poseas o de la capacidad analítica de la que seas dueño… los sentimientos no vienen de ahí.

Un amigo me dijo el otro día… de eso se trata Arath… de sentir… para eso estamos aquí… sólo estamos aquí dos días… luego nos vamos al patatal. Jejeje… En realidad, no es amigo mío, pero siempre me han hecho gracia sus expresiones.

Su teoría está muy bien, pero supongo que se trata de sentirse bien… ¿no? El problema es que para sentirse tan bien, hay que poner mucho en juego. Hay que darlo todo… demasiado. No merece la pena…

Recuerdo, cuando estaba de viaje, y a mi alrededor veía a amigos discutir apasionadamente con sus parejas por teléfono… recuerdo su angustia, recuerdo sentir su ansiedad… lo mal que lo estaban pasando. Recuerdo que cada día para ellos cuando estábamos fuera, era un infierno. Y yo me sentía bien, sabía que en mi vida no había pasión, pero me sentía tan… tan… bien. Tan en paz conmigo mismo, tan tranquilo. Recuerdo que pensaba que no merecía la pena, que me alegraba mucho de estar como estaba.

Recuerdo pensar que nunca volvería a estar así. Lo estuve en su día. Pero había aprendido. Había pagado un alto precio, es verdad, pero había aprendido. Ahora era más viejo, más sabio. JA… Nada como la arrogancia de la falsa seguridad en uno mismo.

Pero apareciste tú. Y me enamoré de ti. Me enamoré de todo aquello de lo que me quería mantener alejado.

Hoy me has enviado un mensaje de la noticia de un periódico en el que comparas el amor con una droga. Y así es como te veo… como veo a nuestra relación. Algo que te hace sentir muy bien cuando lo estás disfrutando, pero que en tu interior sabes que no te está haciendo bien. Que te destruirá… Algo de lo que te tienes que alejar…

El viernes, me enviaste un mensaje. Me dijiste que te estabas replanteando lo de ir a la granja… Que había demasiadas cosas que hacer por allí. No te imaginas, lo desolado que me hizo sentir ese mensaje… el gran malestar que me causó. Yo mismo no entendía porque de una forma tan inmediata, algo tan aparentemente trivial, me hizo sentir tan mal. A mí, en realidad no debería de afectarme ¿no?

Hagas lo que hagas, no cambiará que vas a estar lejos de mí ni el tiempo que vas a estar fuera. ¿Por qué me hizo sentir tan mal?

He estado pensando sobre ello… Y mi subconsciente… o el lugar que sea de donde fluyen los sentimientos, parece que razona esas cosas instantáneamente, aunque nosotros no lo sabemos. Sigue su razonamiento ajeno a nosotros y emite un sentimiento, un sentimiento de mierda en este caso, pero un sentimiento.

Lo que mi hizo sentir tan mal una vez más, fue constatar otra vez tu volatilidad, tu mutabilidad… ante lo que te hace sentir bien de forma inmediata, tu hedonismo más recalcitrante. No dejo de proyectar todo eso en nuestra relación y sobre todo en nuestro futuro.

Me dijiste desde hace meses, que ese viaje era muy importante para ti. Yo te dije, que no veía bien que te fueras tanto tiempo cuando nos estábamos empezando a conocer. Me dijiste que no era un viaje de turismo, que era un viaje introspectivo, para irte al desierto a estar apartada de todos y de todo. Que era importante para ti y necesario. Me insististe una y otra vez… Te dije que se me haría eterno, que lo pasaría mal… intenté acompañarte, pero desde el principio nunca me sentí incluido, ni incluso después. 

Sé que disfrutas más conociendo a gente nueva y desconocida, y compartir tu viaje con ellos. Ellos no exigen compromiso, puedes ir y venir libremente y así es como tu disfrutas. Yo soy lo opuesto, nada tiene sentido sin compartir, no me gusta viajar solo. El mundo ya no me sorprende… no lo suficiente como para compensarme todo lo demás.

Sólo llevas cuatro días allí… y ¿todo eso ha cambiado?... ¿cuatro días? Un viaje pensado en media vida, programado hace meses con un solo fin… Y cuatro atracciones turísticas y un poco de cachondeo en un hostel y… ¿todo eso ha cambiado? En solo ¿cuatro días?

Mientras escribo esto, solo crece y crece la indignación… el odio… la rabia…

Ese viaje tenía sentido para mí, en esas condiciones… lo podía entender. Mi sufrimiento tendría una razón. Tu ausencia tendría un sentido… ¿Qué estás haciendo Hada?

No dejo de pensar, que quiero que la desconexión se acelere. Quiero dejar de echarte de menos. Quiero volver a pisar el mundo con aplomo y sentirme en paz conmigo mismo. Quiero que dejes de escribirme, quiero dejar de consultar el móvil… De sentirme desesperado por recibir un mensaje tuyo, un te quiero, un beso…

No puedo dejar de sentir inquietud… de sentirme como tu viaje en el desierto. De parecer algo trascendental en tu vida y que en solo cuatro días, deje de tener sentido para ti. De que sientas que no quieres renunciar a algo que te hace sentir bien, en un momento determinado, por un compromiso.

Quiero que puedas comprometerte con algo, que mantengas ese compromiso, aunque te duela, sufras, o te cueste esfuerzo y sacrificio.

Tengo miedo del futuro contigo, tengo miedo del futuro a tu lado… siento desasosiego contigo.
Ayer hablamos por teléfono. Me dijiste que era césped. Que era como el césped que pisabas.
Podías estar pasándotelo bien haciendo una barbacoa o jugando a la pelota sobre el césped… pero que yo para ti era como el césped. Que podías estar pasándotelo bien en un momento determinado con una cosa u otra, pero que yo siempre estaría ahí. Porque era césped…

No me estoy recreando en lo horrible que suenan estas palabras así escritas (conozco tu don para decirle cosas horribles a alguien sin querer) … Creo que entendí lo que querías decir. Supongo que quisiste decir que soy algo sólido, algo que te da estabilidad… algo que quieres que esté siempre ahí. 

- De la barbacoa te cansas, de la pelota también… quien no quiere sentir el suelo bajo sus pies… ¿verdad?

Césped… eres como el césped que piso…

Tú no eres césped para mi… Hadassa, eres lo contrario al suelo firme, tu eres aire… el aire que llena mis pulmones… el aire que me da vida. Eres apnea en tu ausencia… desasosiego en tu presencia… asfixia… cuando no estas. Eres como la brisa fresca y limpia de las montañas cuando apareces por la puerta con tu “Hello!” y tu sonrisa… eres Aire….

No quiero que seas mi aire… no quiero vivir aguantando la respiración… reteniendo lo poco que me das…sentir una y otra vez la angustia de no poder tomar aire cuando quiero. De no poder disfrutar de la brisa de la montaña, por sentir la certeza de que después siempre vuelve la apnea… de tener que volver aguantar la respiración… una y otra vez. De temer que el aire desaparezca.

¡NO!... No es el sentido de una relación. Sentirse mal no está bien. No tiene sentido. Son las acciones de alguien lo que te debe hacer sentir bien, no sus palabras… sus intenciones.


Quiero volver a sentirme bien… quiero ser mi propio aire, no quiero ser césped.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Día 2: Mar Muerto

DIA 2:

Just so you know.

Estas dos frases son lo único que voy a tener hoy de ti… Te vas al Mar Muerto todo el día y me dices que no tendrás wifi.

El Mar Muerto… curiosa metáfora de cómo me siento en estos momentos. El universo nunca pierde su amargo toque irónico, o por lo menos siempre lo he pensado. Supongo que esa ironía es más perceptible cuando nada parece funcionar, nada tiene sentido…


Esta mañana me he levantado y me he mirado al espejo… Estoy más delgado. Ayer me pesé…76kg. Me sorprendió verlo… No lo entiendo, estoy comiendo bien… sin ninguna gana, pero estoy comiendo. Tampoco estoy tan activo a nivel físico… no sé… Mientras me miraba al espejo pensé que podía estar enfermo… Otro pensamiento negativo…

Ayer a la tarde hablamos por teléfono. Un desastre…

Mi voz reflejaba mi estado de ánimo, e intentaste conocer el motivo. Te dije que no podías ayudarme, pero insististe. Supongo que tampoco hacía mucha falta de que insistieras, porque mi predisposición actual, es encender a la mínima oportunidad, mi particular aspersor de mierda. Cualquier cosa que me ayude a vaciar todo mi malestar interior es bienvenido…

Tengo que recordar para el futuro que no es buena idea sacar lo mal que te hace sentir algo con la persona que es fruto de esos sentimientos. Sientes un alivio instantáneo de hacerle saber a esa persona como te sientes, pero instantáneo también es el tubo que te meten por el culo con otra buena dosis, aun mayor, de mierda hacia tu interior si cabe. Siento la descripción gráfica, pero está muy acorde con mi estado de ánimo actual.

El caso es que te conté parte de lo que escribí en mi entrada anterior. Mal expresado, no soy bueno con las palabras… No consigo transmitir mis sentimientos, como los razono. En fin… Te he llegado a decir, que no era bueno como me sentía… que alguien consiguiera hacerme sentir así… que mi amor por ti debería prevalecer, sobre todo, sobre mí mismo… que el hecho de que estuvieras disfrutando y haciendo algo que te encantaba debería estar por encima de mí. De eso se trata el amor, ¿no?... Menuda mierda el amor… Yo sólo quiero ser egoísta… tenerte a mi lado siempre y no compartirte con nadie.

Empezaste a llorar… dijiste que ya había tomado una decisión. Como si todo se hubiera acabado.
Otra cosa que me hizo sentir mal…

¿ya?, digo dos frases en un estado emocional totalmente alterado, y supones que es el fin de nuestra relación. ¿Sólo porque dudo de todo, incluso de mí mismo en estos momentos? ¿Sólo porque estoy tratando de entender porque me siento tan mal?

Tuve la sensación de que en el fondo te causaba alivio, como si quisieras precipitar esa conclusión. Cómo si en el fondo de ti supieras que no soy bueno para ti, pero no encontraras la prueba definitiva, y esto en realidad, a pesar del dolor, fuese una liberación…

 Otro refuerzo más para mi inseguridad. El suelo es cada vez más inestable, más blando, me hundo…
¡Claro que te quiero!, me gustaría que no fuese así. Me gustaría dejar de sufrir…
El caso, es que me dijiste que te había partido en dos, que no querías hablar y que solo querías dormir.

Me dolió oírte llorar, hacerte sufrir, pensar que estaba estropeando tu viaje. No consigo estar dos semanas lejos de ti sin joderlo todo.

Eso me hizo sentir urgencia por ti, sentirte más lejos aún. Sentir que tenía que ir a tu encuentro… y a la vez me hacía sentir mal, tener que ir a buscar el origen de mi mal. Se supone que yo era el que estaba herido, dolido… Que eras tú la que tenía que tener la urgencia de acercarte a mí, de aplacar mi sufrimiento. Pero una vez más tú te alejas y yo voy a tu encuentro…

No sé, quizás pienso demasiado… Siempre ha sido mi problema… pensar. Siento y pienso, de ahí salen otros sentimientos… y vuelvo a pensar….
Por eso quería estar lejos de mí. Lejos de libros, de diarios, de cartas… Lejos de mi interior. Encefalograma plano, tranquilidad… felicidad.

Odio reflexionar, normalmente siempre me lleva a lugares grises y apáticos. Todo pierde sentido… todo me parece intrascendente. Cuando reflexionas captas la esencia real del mundo, pierdes la inocencia… la ilusión.

Bendita inocencia… El mundo está para ser vivido desde ella, sin inocencia nada te sorprende, nada te ilumina… Siempre que se habla del mayor patrimonio que puede tener una persona, siempre se nombran las típicas gilipolleces… Salud, dinero, amor… Nadie se acuerda de la inocencia. Sólo a través de la inocencia se pueden ver los colores del mundo, creer en la magia… disfrutar de todo lo demás… del amor, el dinero, los viajes…

Aquí me has interrumpido con un whatsapp. En el autobús hay wifi.

Hemos iniciado una conversación y te he escrito lo que a continuación iba a volcar en estas páginas. Te he dicho que me sentía mal porque te echaba muchísimo de menos, que estaba enfadado contigo por haberte ido. Pero que no sólo era eso…

He estado intentando analizar el origen de mis sentimientos. Por qué permanentemente me siento mal, por qué solo se originan pensamientos negativos en mi interior…

Creo que navegando hasta lo más profundo de mi interior… he abierto una puerta que no todo el mundo está dispuesto a abrir. Es un sitio lúgubre y escondido… oscuro, frío y húmedo. Un lugar que todo el mundo reconoce en su interior, pero que nadie quiere mirar directamente. No nos gusta detenernos frente a ese lugar, no nos gusta ver lo que su interior esconde. La hipocresía disfraza nuestros actos y nuestra manera de sentir… la hipocresía oculta nuestra mezquindad y egoísmo con un manto de justificaciones loables y basadas en la generosidad… basadas en el amor altruista y desinteresado fruto de nuestro buen corazón.

Sólo si te despojas de la hipocresía serás capaz de abrir esa puerta y ver lo que realmente esconde. Ahí se encuentra en muchas ocasiones el origen de todo. De nuestros sentimientos, de nuestros actos… el origen del daño que nos hacemos a nosotros a mismos y a terceras personas… personas importantes.

Un pensamiento negativo, sólo puede tener como base un sentimiento negativo. El segundo da vida al primero, y este a su vez da fuerza y retroalimenta al segundo.

En nuestra conversación te enseñe lo que mi rincón oscuro ocultaba. Tú siempre me has dicho que sentías que me podías contar cualquier cosa. Que te sentías libre de hacerlo. Hoy yo, creo que he perdido un poco esa libertad.

Te conté que no podía entender porque tu viaje me hacía sentir tan mal. Y que no sólo era porque te extrañaba. Porque estaba enfadado contigo por haberte ido, por haberme dejado sin ti. Cuando me cuentas que haces; que vas a ver, que has descubierto, o que nuevos lugares vas a visitar, una sensación oscura se expande en mi interior. Es un sentimiento que me hace sentir mal. No lo entiendo. Pienso…, intento razonarlo.

Al principio lo asocie con envidia… Yo quería hacer lo mismo… ver esos lugares, conocer a esa gente, sentir la luz del día, los olores en el aire… palpar el ritmo de vida, escuchar los sonidos de la calle… Pero posteriormente, me imaginaba recorriendo tus mismos pasos sólo, conociendo a la misma gente, viviendo tus mismas experiencias… Ese pensamiento no me confortaba, no me traía paz… Tenía que ser otra cosa, no era envidia.

Ahora mismo, creo que eso que me remueve el interior de una forma tan desagradable es un viejo conocido. Mi enemigo más íntimo, cruel, más despiadado… más letal. El enemigo que ha conseguido derrotarme en mil batallas. Que me ha pisoteado, humillado y reducido a la insignificancia. Me ha hecho sentir débil, feo y estúpido. Me ha hecho sentir que no era importante, que era el último, que era común, mundano, aburrido, temeroso…inseguro. Sobre todo, me ha hecho sentir inseguro. Me ha alejado de la tranquilidad y de mi paz interior. Mi enemigo se llama Celos.

Los celos… ¿Cómo no lo he visto antes?... Se acercó sigiloso, furtivo, disfrazado… Se escondió entre mis sentimientos de añoranza, de que te echaba de menos… se alimentó de mi enfado por haberte ido. Con cada pequeño detalle me envenena, oscurece mi interior, me aleja de mí mismo.

Tengo celos por no estar a tu lado, porque hayas dejado de hacer algo tan importante para ti sin tenerme a tu lado. De que no hayas tenido la necesidad de compartir algo tan importante para ti conmigo. De dejarme fuera. Me has robado la oportunidad de acompañarte en ese viaje de descubrimiento, de disfrutar y de crecer a tu lado. De ver tu ilusión por ir cada día a un sitio nuevo, de ver tu emoción, de ser testigo de tus momentos reflexivos. De compartir todo eso a tu lado. Tengo celos de que absolutos desconocidos puedan tener un fragmento de vivir a tu lado algo que jamás si quiera pueda llegar a imaginar. Tengo celos…

Sé que es un sentimiento mezquino, ruin y egoísta. Sé que mi amor debería prevalecer y reducir a la nada a mi enemigo. Pero todavía no lo puedo vencer, no tengo fuerza.
Te quiero. Quiero que disfrutes de tu viaje, quiero que no pienses ni un segundo en mi malestar. No quiero ser el componente negativo de él, ni ensombrecer su recuerdo. Pero no puedo dejar de sentirme así. No me puedes ayudar, intentarlo sólo hará que los dos nos sintamos peor.
Es mi camino, mi enemigo, mi batalla…

Te he abierto mi alma en nuestra conversación por WhatsApp, una vez más he sido descarnadamente sincero contigo. Te he vuelto a mostrar mi lugar lúgubre y feo. Y me has dicho que cuando te digo estas cosas te hace sentir muy mal y muy sola. Como si levantáramos un muro entre nosotros.
Yo te llevo al interior de mi alma y tu sientes como si construyera un muro entre nosotros. Has usado la expresión “levantáramos”, en plural. No dejo de pensar que de los dos yo estoy intentando acercarte a mi interior, hablándote con el corazón, sin hipocresía, desnudo… y tú tienes la sensación de que levantamos un muro. Creo que el muro lo levantas tú, te quieres proteger de lo que te muestro de mí. No quieres ver eso, quieres hipocresía… sentimientos loables y amor altruista. Quieres tu cuento de hadas, la bondad mágica y única que sólo debe tener el ser amado.

Hoy ha sido el día en el que he perdido la sensación de libertad de contarte como me siento, de lo que pienso…

Para eso te tengo a ti, mi querido diario. Tú te vas a comer a partir de ahora mis mierdas. Tú serás mi aliado, mi bastón, el que me ayudará a ponerme en pie. A levantar la cabeza y volver a crecer, una vez más… hay que seguir creciendo.

Pienso en cuando estaba bien. Tengo que fijar eso en mi mente. No puedo perder ese recuerdo. Es mi meta, tengo que caminar hacia ella. Un paso, luego otro… un paso, luego otro. Recuérdalo.
Siento malestar, dolor. El dolor…

Recuerdo una frase de Matt Fraser cuando le preguntaron si era adicto al dolor. Que estaba loco por entrenar de esa manera, de someter su cuerpo y su mente a tanto dolor… en los entrenamientos, en las competiciones… Su respuesta es algo que me impactó porque siempre la he compartido. “No soy adicto al dolor, soy adicto al producto de ese dolor” dijo.

El dolor solo es un indicador de una parte de nosotros que está sufriendo porque es débil. Sólo es el recuerdo constante de que te estás haciendo fuerte.

Tengo que erguirme, levantar la cabeza, abrir los brazos en cruz y permitir serenamente que el dolor me atraviese. Aceptarlo. Pasará… hará su trabajo y se irá. Sé que se llevará algo consigo, siempre lo hace, nada es gratis, lo sé (bendita inocencia…) pero su pago será mi fortaleza.

Te echo de menos.

Esa es la semilla. De ahí parte todo. Estaba bien los primeros días. Contento, concentrado, relajado, comunicativo, bromista.

Te seguía echando de menos.

Cada día un poco más. Luego vino el enfado… ¿Por qué tengo que estar sometido a esta añoranza continua, larga…, densa…? ¿Por qué te has tenido que ir? ¿Por qué tanto tiempo? ¿Por qué sin mí?
Añoranza, enfado, celos… resentimiento.

Tengo que ir al origen. Tengo que dejar de echarte de menos.

¿Cómo se deja de echar de menos a alguien? ....


Tiempo…