DIA 2:
Just so you
know.
Estas dos frases son lo único que voy a tener hoy de ti… Te
vas al Mar Muerto todo el día y me dices que no tendrás wifi.
El Mar Muerto… curiosa metáfora de cómo me siento en estos
momentos. El universo nunca pierde su amargo toque irónico, o por lo menos
siempre lo he pensado. Supongo que esa ironía es más perceptible cuando nada
parece funcionar, nada tiene sentido…
Esta mañana me he levantado y me he mirado al espejo… Estoy
más delgado. Ayer me pesé…76kg. Me sorprendió verlo… No lo entiendo, estoy
comiendo bien… sin ninguna gana, pero estoy comiendo. Tampoco estoy tan activo
a nivel físico… no sé… Mientras me miraba al espejo pensé que podía estar
enfermo… Otro pensamiento negativo…
Ayer a la tarde hablamos por teléfono. Un desastre…
Mi voz reflejaba mi estado de ánimo, e intentaste conocer el
motivo. Te dije que no podías ayudarme, pero insististe. Supongo que tampoco hacía
mucha falta de que insistieras, porque mi predisposición actual, es encender a
la mínima oportunidad, mi particular aspersor de mierda. Cualquier cosa que me
ayude a vaciar todo mi malestar interior es bienvenido…
Tengo que recordar para el futuro que no es buena idea sacar
lo mal que te hace sentir algo con la persona que es fruto de esos
sentimientos. Sientes un alivio instantáneo de hacerle saber a esa persona como
te sientes, pero instantáneo también es el tubo que te meten por el culo con
otra buena dosis, aun mayor, de mierda hacia tu interior si cabe. Siento la
descripción gráfica, pero está muy acorde con mi estado de ánimo actual.
El caso es que te conté parte de lo que escribí en mi
entrada anterior. Mal expresado, no soy bueno con las palabras… No consigo
transmitir mis sentimientos, como los razono. En fin… Te he llegado a decir,
que no era bueno como me sentía… que alguien consiguiera hacerme sentir así…
que mi amor por ti debería prevalecer, sobre todo, sobre mí mismo… que el hecho
de que estuvieras disfrutando y haciendo algo que te encantaba debería estar
por encima de mí. De eso se trata el amor, ¿no?... Menuda mierda el amor… Yo
sólo quiero ser egoísta… tenerte a mi lado siempre y no compartirte con nadie.
Empezaste a llorar… dijiste que ya había tomado una
decisión. Como si todo se hubiera acabado.
Otra cosa que me hizo sentir mal…
¿ya?, digo dos frases en un estado emocional totalmente
alterado, y supones que es el fin de nuestra relación. ¿Sólo porque dudo de
todo, incluso de mí mismo en estos momentos? ¿Sólo porque estoy tratando de
entender porque me siento tan mal?
Tuve la sensación de que en el fondo te causaba alivio, como
si quisieras precipitar esa conclusión. Cómo si en el fondo de ti supieras que
no soy bueno para ti, pero no encontraras la prueba definitiva, y esto en realidad,
a pesar del dolor, fuese una liberación…
Otro refuerzo más
para mi inseguridad. El suelo es cada vez más inestable, más blando, me hundo…
¡Claro que te quiero!, me gustaría que no fuese así. Me
gustaría dejar de sufrir…
El caso, es que me dijiste que te había partido en dos, que
no querías hablar y que solo querías dormir.
Me dolió oírte llorar, hacerte sufrir, pensar que estaba
estropeando tu viaje. No consigo estar dos semanas lejos de ti sin joderlo
todo.
Eso me hizo sentir urgencia por ti, sentirte más lejos aún.
Sentir que tenía que ir a tu encuentro… y a la vez me hacía sentir mal, tener
que ir a buscar el origen de mi mal. Se supone que yo era el que estaba herido,
dolido… Que eras tú la que tenía que tener la urgencia de acercarte a mí, de
aplacar mi sufrimiento. Pero una vez más tú te alejas y yo voy a tu encuentro…
No sé, quizás pienso demasiado… Siempre ha sido mi problema…
pensar. Siento y pienso, de ahí salen otros sentimientos… y vuelvo a pensar….
Por eso quería estar lejos de mí. Lejos de libros, de
diarios, de cartas… Lejos de mi interior. Encefalograma plano, tranquilidad…
felicidad.
Odio reflexionar, normalmente siempre me lleva a lugares
grises y apáticos. Todo pierde sentido… todo me parece intrascendente. Cuando
reflexionas captas la esencia real del mundo, pierdes la inocencia… la ilusión.
Bendita inocencia… El mundo está para ser vivido desde ella,
sin inocencia nada te sorprende, nada te ilumina… Siempre que se habla del
mayor patrimonio que puede tener una persona, siempre se nombran las típicas
gilipolleces… Salud, dinero, amor… Nadie se acuerda de la inocencia. Sólo a
través de la inocencia se pueden ver los colores del mundo, creer en la magia…
disfrutar de todo lo demás… del amor, el dinero, los viajes…
Aquí me has interrumpido con un whatsapp. En el autobús hay
wifi.
Hemos iniciado una conversación y te he escrito lo que a
continuación iba a volcar en estas páginas. Te he dicho que me sentía mal
porque te echaba muchísimo de menos, que estaba enfadado contigo por haberte
ido. Pero que no sólo era eso…
He estado intentando analizar el origen de mis sentimientos.
Por qué permanentemente me siento mal, por qué solo se originan pensamientos
negativos en mi interior…
Creo que navegando hasta lo más profundo de mi interior… he
abierto una puerta que no todo el mundo está dispuesto a abrir. Es un sitio
lúgubre y escondido… oscuro, frío y húmedo. Un lugar que todo el mundo reconoce
en su interior, pero que nadie quiere mirar directamente. No nos gusta
detenernos frente a ese lugar, no nos gusta ver lo que su interior esconde. La
hipocresía disfraza nuestros actos y nuestra manera de sentir… la hipocresía
oculta nuestra mezquindad y egoísmo con un manto de justificaciones loables y
basadas en la generosidad… basadas en el amor altruista y desinteresado fruto
de nuestro buen corazón.
Sólo si te despojas de la hipocresía serás capaz de abrir
esa puerta y ver lo que realmente esconde. Ahí se encuentra en muchas ocasiones
el origen de todo. De nuestros sentimientos, de nuestros actos… el origen del daño
que nos hacemos a nosotros a mismos y a terceras personas… personas
importantes.
Un pensamiento negativo, sólo puede tener como base un
sentimiento negativo. El segundo da vida al primero, y este a su vez da fuerza
y retroalimenta al segundo.
En nuestra conversación te enseñe lo que mi rincón oscuro
ocultaba. Tú siempre me has dicho que sentías que me podías contar cualquier
cosa. Que te sentías libre de hacerlo. Hoy yo, creo que he perdido un poco esa
libertad.
Te conté que no podía entender porque tu viaje me hacía
sentir tan mal. Y que no sólo era porque te extrañaba. Porque estaba enfadado
contigo por haberte ido, por haberme dejado sin ti. Cuando me cuentas que haces;
que vas a ver, que has descubierto, o que nuevos lugares vas a visitar, una
sensación oscura se expande en mi interior. Es un sentimiento que me hace
sentir mal. No lo entiendo. Pienso…, intento razonarlo.
Al principio lo asocie con envidia… Yo quería hacer lo
mismo… ver esos lugares, conocer a esa gente, sentir la luz del día, los olores
en el aire… palpar el ritmo de vida, escuchar los sonidos de la calle… Pero
posteriormente, me imaginaba recorriendo tus mismos pasos sólo, conociendo a la
misma gente, viviendo tus mismas experiencias… Ese pensamiento no me
confortaba, no me traía paz… Tenía que ser otra cosa, no era envidia.
Ahora mismo, creo que eso que me remueve el interior de una
forma tan desagradable es un viejo conocido. Mi enemigo más íntimo, cruel, más
despiadado… más letal. El enemigo que ha conseguido derrotarme en mil batallas.
Que me ha pisoteado, humillado y reducido a la insignificancia. Me ha hecho
sentir débil, feo y estúpido. Me ha hecho sentir que no era importante, que era
el último, que era común, mundano, aburrido, temeroso…inseguro. Sobre todo, me
ha hecho sentir inseguro. Me ha alejado de la tranquilidad y de mi paz
interior. Mi enemigo se llama Celos.
Los celos… ¿Cómo no lo he visto antes?... Se acercó
sigiloso, furtivo, disfrazado… Se escondió entre mis sentimientos de añoranza,
de que te echaba de menos… se alimentó de mi enfado por haberte ido. Con cada
pequeño detalle me envenena, oscurece mi interior, me aleja de mí mismo.
Tengo celos por no estar a tu lado, porque hayas dejado de
hacer algo tan importante para ti sin tenerme a tu lado. De que no hayas tenido
la necesidad de compartir algo tan importante para ti conmigo. De dejarme
fuera. Me has robado la oportunidad de acompañarte en ese viaje de
descubrimiento, de disfrutar y de crecer a tu lado. De ver tu ilusión por ir
cada día a un sitio nuevo, de ver tu emoción, de ser testigo de tus momentos
reflexivos. De compartir todo eso a tu lado. Tengo celos de que absolutos
desconocidos puedan tener un fragmento de vivir a tu lado algo que jamás si
quiera pueda llegar a imaginar. Tengo celos…
Sé que es un sentimiento mezquino, ruin y egoísta. Sé que mi
amor debería prevalecer y reducir a la nada a mi enemigo. Pero todavía no lo
puedo vencer, no tengo fuerza.
Te quiero. Quiero que disfrutes de tu viaje, quiero que no
pienses ni un segundo en mi malestar. No quiero ser el componente negativo de
él, ni ensombrecer su recuerdo. Pero no puedo dejar de sentirme así. No me
puedes ayudar, intentarlo sólo hará que los dos nos sintamos peor.
Es mi camino, mi enemigo, mi batalla…
Te he abierto mi alma en nuestra conversación por WhatsApp,
una vez más he sido descarnadamente sincero contigo. Te he vuelto a mostrar mi
lugar lúgubre y feo. Y me has dicho que cuando te digo estas cosas te hace
sentir muy mal y muy sola. Como si levantáramos un muro entre nosotros.
Yo te llevo al interior de mi alma y tu sientes como si
construyera un muro entre nosotros. Has usado la expresión “levantáramos”, en
plural. No dejo de pensar que de los dos yo estoy intentando acercarte a mi
interior, hablándote con el corazón, sin hipocresía, desnudo… y tú tienes la
sensación de que levantamos un muro. Creo que el muro lo levantas tú, te quieres
proteger de lo que te muestro de mí. No quieres ver eso, quieres hipocresía…
sentimientos loables y amor altruista. Quieres tu cuento de hadas, la bondad
mágica y única que sólo debe tener el ser amado.
Hoy ha sido el día en el que he perdido la sensación de
libertad de contarte como me siento, de lo que pienso…
Para eso te tengo a ti, mi querido diario. Tú te vas a comer
a partir de ahora mis mierdas. Tú serás mi aliado, mi bastón, el que me ayudará
a ponerme en pie. A levantar la cabeza y volver a crecer, una vez más… hay que
seguir creciendo.
Pienso en cuando estaba bien. Tengo que fijar eso en mi
mente. No puedo perder ese recuerdo. Es mi meta, tengo que caminar hacia ella.
Un paso, luego otro… un paso, luego otro. Recuérdalo.
Siento malestar, dolor. El dolor…
Recuerdo una frase de Matt Fraser cuando le preguntaron si
era adicto al dolor. Que estaba loco por entrenar de esa manera, de someter su
cuerpo y su mente a tanto dolor… en los entrenamientos, en las competiciones…
Su respuesta es algo que me impactó porque siempre la he compartido. “No soy
adicto al dolor, soy adicto al producto de ese dolor” dijo.
El dolor solo es un indicador de una parte de nosotros que
está sufriendo porque es débil. Sólo es el recuerdo constante de que te estás
haciendo fuerte.
Tengo que erguirme, levantar la cabeza, abrir los brazos en
cruz y permitir serenamente que el dolor me atraviese. Aceptarlo. Pasará… hará
su trabajo y se irá. Sé que se llevará algo consigo, siempre lo hace, nada es
gratis, lo sé (bendita inocencia…) pero su pago será mi fortaleza.
Te echo de menos.
Esa es la semilla. De ahí parte todo. Estaba bien los
primeros días. Contento, concentrado, relajado, comunicativo, bromista.
Te seguía echando de menos.
Cada día un poco más. Luego vino el enfado… ¿Por qué tengo
que estar sometido a esta añoranza continua, larga…, densa…? ¿Por qué te has
tenido que ir? ¿Por qué tanto tiempo? ¿Por qué sin mí?
Añoranza, enfado, celos… resentimiento.
Tengo que ir al origen. Tengo que dejar de echarte de menos.
¿Cómo se deja de echar de menos a alguien? ....
Tiempo…